Freegans: de la basura al plato… por elección propia

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Del usuario Flickr Kurt and Sybilla vía Creative Commons

¿Sabías que el 40% de la comida que se produce en Estados Unidos o un tercio de la producida en Inglaterra acaba en la basura sin pasar por ningún estómago? La mayoría nos llevamos las manos a la cabeza, pero unos cuantos han pasado ya a la acción. ¿Cómo?, formando parte de un movimiento que cada día gana adeptos: los freegans (del inglés ‘free’, gratis y ‘Vegan’, aquellos que no consumen ningún productos que provenga de animales o sus derivados).

La base fundamental de este movimiento es el reciclaje de comida y para ello cada noche se repite el periplo nocturno por cubos de basura o puertas traseras de los restaurantes a lo largo de la ciudad. La meta: recuperar aquellos productos a punto de caducar que ya no se pueden vender, los que están ligeramente dañados o todo lo que los restaurantes deciden que ya no pueden servir al día siguiente. Estamos hablando de un movimiento que se inició en los 90 en Estados Unidos pero que ya encontramos en muchas otras ciudades del mal llamado ‘primer mundo’.

Rebuscar en la basura no es nada nuevo. Lo saben bien muchos países en vías de desarrollo donde de hecho, desafortunadamente esta práctica es tan real como la vida misma para muchas familias. Entonces, ¿en qué se diferencia alguien rebuscando en la basura en un suburbio de alguna gran ciudad de Lationamérica a un newyorkino o un londinense haciendo lo mismo?. Los primeros es posible que lo hagan guiados por la necesidad (hasta ahora casi nadie se planteaba buscar comida en la basura sino por una causa extrema), los segundos por convicción.

Algunos puntos que definen este movimiento:

  • Rechazan las prácticas propias del capitalismo, que consideran provocan no solo la degradación de los recursos naturales, sino del propio ser humano.
  • Rechazan por ejemplo trabajar 6-8 horas diarias en algo que no te satisface para la adquisición de bienes y productos que no consideran necesarios y cuya producción afecta directamente al medio ambiente.
  • No les empuja el hambre o la pobreza, sino una convicción y reflexión sobre el consumismo y la búsqueda de alternativas al modo de vida actual.
  • Consumir lo mínimo significa vestirse con ropa usada, usar la bicicleta como medio de desplazamiento, hacer uso del trueque y el reciclaje, incluso de la ocupación de viviendas deshabitadas.
  • Antes de tomar cualquier decisión se preguntan por el impacto económico o social de cada producto que se consume.

En definitiva, un movimiento que desata todo tipo de opiniones. Y a ti, ¿qué te parece que hay quien rebusque en la basura no por necesidad, sino por convicción?

Si quieres investigar un poco más sobre este movimiento: http://freegan.info (en inglés).

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