¿Serán los Bonos de Inversión de Impacto una respuesta para Iberoamérica?

Buscando nuevo modelos de empujar el impacto social adelante.

Buscando nuevo modelos de empujar el impacto social adelante.

¿Qué son realmente los bonos de inversión de impacto? ¿Dónde están ya funcionando y qué está pasando en nuestra región?

En los últimos tiempos se oye hablar con entusiasmo de su potencial. También de sus posibles riesgos o de si esta es una buena fórmula para ciertos países pero, algo más complicada para otros. Entendamos un poco mejor qué está pasando…

Bonos de inversión de impacto:

Según Instiglio en Chile, los bonos de inversión de impacto social son herramientas adicionales de financiamiento basados en resultados, enfocando la asignación de dinero a programas sociales con éxito.

Entre un programa social desarrollado por una ONG o un emprendimiento social y un inversor, habrá siempre un contrato de pago por éxito. El inversor pone el dinero y el gobierno del país en cuestión, se compromete a pagar a la ONG el coste del programa desarrollado siempre y cuando la ONG sea capaz de mejorar un resultado social.

Next Billion nos ilustra con un buen ejemplo: “Un ministerio de educación puede pagar a una ONG por mejoras demostradas en los resultados de pruebas educativas. En este flujo condicional de ingresos, la ONG es capaz de elevar el capital de trabajo de inversores privados. Si el programa funciona, los pagos por éxito del gobierno proporcionan un rendimiento razonable de la inversión a los inversionistas del proyecto. Los gobiernos sólo pagan por lo que funciona. Las ONG son recompensadas ​​por producir resultados que les importan, trayendo integridad a sus propias misiones. Por último, los inversores de impacto encuentran la alineación de oro de la rentabilidad social y financiera, que es una propiedad única de los bonos de impacto”.

¿Dónde se han puesto en marcha ya este tipo de iniciativas?

El primer bono de inversión de impacto surge en el Reino Unido, pionero en este tipo de iniciativas en 2009 a través de la organización Social Finance UK.

En la actualidad hay más de 40 bonos de impacto alrededor del mundo en fase de diseño o implementación. Si hablamos de los que ya están implementados, encontramos que Reino Unido ha venido liderando la carrera, seguido por otros países en una abrumadora mayoría del hemisferio norte. En este mapa aunque está en inglés, se puede tener una buena visión global.

Pero, ¿por dónde anda nuestra región Iberoamericana?

Bonos de Impacto en Iberoamérica

El interés y ánimo de explorar cómo hacer funcionar estos nuevos modelos es claro en nuestra región. Un buen ejemplo quedó probado en el último Foro Latinoamericano de Inversión de Impacto en Mérida, (México) el pasado febrero de 2015. Allí fue evidente el interés de la audiencia por entender mejor los mecanismos de este tipo de propuesta.

En Latinoamérica, varios gobiernos estatales han comenzado a explorar en qué lugar se pueden emplear los bonos de inversión de impacto como una herramienta para “contratar” mejores resultados sociales. En lugares como Minas de Gerais en Brasil o Jalisco, México ya se está poniendo la mirada en programas concretos.

Desde marzo de 2014 el FOMIN, organismo multilateral que impulsa la creación de un programa de bonos de inversión de impacto social, viene trabajando en los retos con los que este nuevo modelo cuenta en nuestra región.

Los obstáculos son variados hasta el momento pero no tenemos duda de que el avance y encuentro de soluciones será cada vez más una realidad. En Iberoamérica existen hoy por hoy varias entidades tratando de empujar esta nueva opción en diferentes países: SITAWI en Brasil, Instiglio en Chile y Colombia, Fundación AVINA en Uruguay y New Ventures en México.

Por su parte y prueba de que los avances se van consiguiendo, vemos como ya en Portugal y este año, se ha puesto en marcha el primer bono de impacto social de un país Iberoamericano con un foco en al enseñanza de la codificación. Se espera que el programa impacte en la educación de 65 alumnos en tres escuelas de primaria en Lisboa, dos de las cuales trabajan con poblaciones de bajos ingresos.

En este caso en concreto, la Fundación Calouste Gulbenkian, una de las mayores instituciones de filantropía en el mundo, invirtió casi de €120 mil para este proyecto-piloto. Si la intervención tiene éxito – es decir, si los resultados de los alumnos en las dos métricas previamente acordadas son mejores en 10%, la Cámara Municipal de Lisboa reembolsará la Fundación por su inversión original. Si no tiene éxito, dependiendo del grado de los resultados alcanzados, la Fundación recibirá también un porcentaje del capital principal.

A futuro… 

En definitiva, múltiples son aún los retos:

  • los inversores no están acostumbrados a invertir en ONG
  • las ONG no están acostumbradas a trabajar condicionadas por resultados a este nivel
  • hay una necesidad del fortalecimiento de colaboraciones estratégicas
  • se hace necesario el desarrollo de las capacidades de ONG y emprendedores sociales para generar resultados

El camino está aún lleno de incertidumbres, pero también de oportunidades y será en la medida que vayamos implementando y pudiendo demostrar que existen casos que legitiman y prueban la validez del modelo, que seremos capaces de ojalá pronto, poder hablar de este tipo de vía como una herramienta más para financiar y generar cambios sociales positivos.

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