A la sombra de una higuera, juntando las monedas…

Por Juan Pablo Eijo (Argentina)

 

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Nidia y Eduardo al pie de la higuera. Foto de Juan Pablo Eijo

Su casa de adobe era pequeña y humilde, pero su corazón grande y generoso como la higuera. Entonces no había impedimento. Decoró el patio, dispuso unos almohadones en el suelo y así, contando las monedas al abrigo del follaje, les sirvió el té a un puñado de niños. Eran quince, que de inmediato fueron treinta, y poco después noventa; “hicimos una rifa -“mi hogarcito” y dos o tres frases más- y a raíz de eso empezó a llegar la gente”, recuerda Nidia Soto, Asistente Social de 82 años, no vidente, titular del hogar/comedor Brazos Abiertos de Las Heras (Mendoza, Argentina), el cual brinda alimentos a 600 personas a diario y alberga a 24 niños.

La Asociación Civil se formó en 1995 y desde entonces, además del alimento, provee a los niños una formación integral, tanto intelectual como emocional. “Casi todos mis niños han sido desnutridos; flaquitos y puro vientre. Nosotros les dimos una buena alimentación, ternura, abrazos y el apoyo escolar que necesitaban; sentamos el precedente de que aquí nadie falta a la escuela”, cuenta Nidia, sentada en un sofá, con las manos encimadas sobre la pollera, y se enorgullece de los nueve jóvenes que van hoy día a la universidad. Pero también habla de las dificultades. “Un chico se pregunta el por qué de su abandonó; esa raíz que desconoce lo mortifica”, agrega, ahora con un dejo de sollozo y los ojos claros humedecidos. En estos dieciséis años, Nidia ha hecho veintidós adopciones legales -aunque para ella, todos son “mis niños”.

Un joven rapado interrumpe la conversación de momento; frota las manos de Nidia y pregunta:

- ¿Los anteojos cuando los voy a tener? Me va a costar empezar la escuela si no…

- Hoy hablo, Eduardo; quedate tranquilo… –responde Nidia, templando la voz, y aclara-: Éste es uno de mis hijos.

“Todo es con el esfuerzo de la gente”

Brazos Abiertos cuenta con tres personas que ayudan en la cocina; dos chicas alemanas que enseñan inglés –pero también colaboran con las tareas; “pelan papas”, de ser necesario-; un panadero, profesores de gimnasia, artes marciales y baile, así como otros tantos particulares que la apadrinan. De un tiempo a esta parte, además, se vienen implementando diversos talleres de capacitación técnica: carpintería, electricidad, mecánica, cocina y peluquería; y todo gracias al aporte voluntario y desinteresado de la gente y al trabajo mancomunado. Los vínculos con otras ONGs también se vuelven necesarios. Algunas la proveen de alimentos (EMAUS); con otras, simplemente, comparten experiencias e intercambios culturales (ACCIONAR). “Tratamos de formar una red de ayuda mutua, ya que tenemos necesidades en común”, sintetiza Nidia.

En eso se acerca una mujer morocha, de pelo rizado.

    - ¿Quién está ahí?
    - Soy yo, la Juana.
    - Juana, ¿quién pidió un taxi?
    - Es para mí, Nidia; voy hasta el almacén.

“Yo siempre pienso que la comunicación es muy importante”, continúa Nidia; “de algún modo nos podemos ser útiles los seres humanos; así sea contagiando nuestra energía, que luego genera acción en el otro”.

- Por ejemplo -me dice, virando hacia mí-, el hecho de que vos hayas venido hasta acá, pisado esta tierra, hablado conmigo… eso es energía que se genera. Yo todas las mañanas rezo un padre nuestro –alza la cabeza y restriega la cruz de su pecho- y eso también es energía que se va generando; al igual que la gente que nos desea buenas cosas. Si no, decime vos, cómo se explica que de una casita de adobe, ahora tengamos esto…

La miro… y atisbo una respuesta en sus ojos.

Juan Pablo Eijo es de Ensenada, Buenos Aires, y será a partir de ahora nuestro colaborador especial en rumbo. Es periodista, fotógrafo y las crónicas periodístico-literarias de corte social son su especialidad. En la actualidad viaja por Argentina y otros países de la región a la búsqueda y captura de historias a pie del terreno.

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Madre hay una sola: la tuya… la de todos

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Asamblea de Madres Cuidadoras. Gentileza Asociación Crecer Juntos

Por Juan Pablo Eijo (Argentina)

A mediados de los 90, la realidad del Hambre las convoca. De 50 maridos, tan sólo dos tenían trabajo. Entonces se juntaron y dijeron: O volvemos a casa a morirnos de hambre, a llorar… o la peleamos entre todas; y creyendo en la salida colectiva, construyeron la esperanza en medio de la grieta. Desde hace 16 años, la Organización Social ‘Crecer Juntos‘, trabaja en los barrios periféricos del noroeste de San Miguel de Tucumán, Argentina; 60 mujeres, que llevaron la maternidad a lo público y se pusieron al frente de 17 Hogares Centros, donde se atienden a más de 600 niños y adolescentes, con programas enfocados a la infancia, los jóvenes, las mujeres y la comunidad.

Primero fue la urgencia alimentaria; luego, con el tiempo, fueron descubriendo “otros hambres”. Hoy día, la Asociación Crecer Juntos abarca líneas de acción tales como Salud Preventiva, Educación Formal y No Formal, Recreación y Arte, Formación Profesional y Desarrollo Comunitario, entre otras. “No sólo damos de comer. Damos de comer, y además todo esto”, remarca Leonor Cruz, directora de la Asociación, y sostiene que a partir de este abordaje integral, les dieron a sus hijos y los de la comunidad, “la posibilidad de elegir; de que sepan que hay esto (que se pueden drogar), pero que también hay otro camino”. Ése, cree Leonor, ha sido el mayor logro de todos estos años.

La vida como proyecto

El país que crece en PBI desde hace 10 años, que acumula riquezas, que mejora sus indicadores sociales, no es el país que ellas ven en sus barrios, todavía postergados: “Lo que ha hecho el Estado con los recursos que dispone, no ha tocado un ápice por la inclusión de nuestros adolescentes y jóvenes”, reclama Edmundo Dantes Moreno, único hombre en este reino de mujeres (“un mal necesario”, bromea Leonor). Frente a ello, Crecer Juntos lleva adelante el programa NAJs, que tiene por objetivo brindar a los niños, adolescentes y jóvenes de la comunidad, unas “condiciones mínimas de equidad” para que puedan estar en situación de “poner la vida como proyecto”.

Este programa abarca cuatro campos prioritarios, todos abordados de manera integral: Educación, con la implementación de grupos de aprendizaje comunitario; Trabajo, brindando cursos de oficios, como ser electricidad, cerámica y carpintería; Arte, con talleres de plástica, teatro, murga; y Participación, por medio de Asambleas de Jóvenes y Adolescentes.

“Los hijos de la comunidad son también nuestros hijos”

En la experiencia de la organización, las mujeres han resignificado su rol social y el concepto de maternidad: “Rompimos con la lógica individualista y machista de la sociedad. Pasamos de lo doméstico, de estar en la casa, a hacer algo por lo público”, reflexiona Leonor, mientras el mate sigue la ronda en la cocina del Hogar. Y en este salir a los barrios, en este crecer juntos, fueron definiendo una segunda naturaleza de maternidad: una maternidad socializada. De ahí el término “Madres Cuidadoras” (así se las conoce) que remite, para Dantes, a la idea de “Gran Familia” que se ha instaurado en los dieciséis focos de desarrollo comunitario.

–Es común que muchos de los chicos nos digan por la calle ‘Chau, Mamá…’ -cuenta Claudia Díaz, presidenta de la organización, al tiempo que una joven se pone de codos en la mesa y tres o cuatro niños revolotean a nuestro lado.

La restauración de las redes sociales; la organización civil como protagonista del cambio; la restitución de derechos y la construcción de la esperanza en una región signada por el desamparo, son los grandes desafíos que asumieron las Madres.

–Se la pasa duro en los barrios -reconoce Dantes-. La realidad se nos mete. Y creo que es un logro de la organización, que en una realidad así, podamos pensar todo esto. Y de a pedacitos, construir la esperanza.

Porque ése es nuestro gran desafío”, concluye: “Construir la esperanza en esta grieta”.

Dejo el Hogar, en medio de una marea de niños jugando, corriendo… riendo

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Sin tiempo de aburrirse o enfermar… y menos de morirse

 

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Papelnonos Capital Federal en la UBA. Foto de Juan Pablo Eijo

Por Juan Pablo Eijo (Argentina)

“Cuentan que le preguntaron a Leonardo Da Vinci, ya anciano, qué edad tenía. Y que Leonardo piensa, piensa, hasta que finalmente dice seis, siete, quizás ocho años. Pero cómo, maestro, seis… siete… (Da Vinci se veía encorvado, viejo, con bastón y pelo blanco). Sí -responde-, porque los ochenta anteriores ya los gasté; los que tengo son los seis, siete u ocho por venir…” Con esta “vieja” historia, Enrique -78 años, calvo, rostro ceñido; trompetista, cantante y galán de Papelnonos- resume el espíritu que anima a la Asociación Civil que busca cambiar la imagen de la vejez: “Que se sepa que estamos vivos, y que tenemos ganas de vivir”, expresa Enrique, minutos después de la presentación que la orquesta de adultos mayores levara a cabo en instalaciones de la Universidad de Buenos Aires.

Entre todos

Una señora de cabello voluminoso, canta con voz cadenciosa “Que la vida nos encuentre siempre juntos, bajo un cielo lleno de felicidad…”, mientras el resto aguarda de espaldas, con uniforme de coro e instrumentos de papel en mano, el momento para girar al unísono y llenar de vida y color y alegría el recinto:

“Será entre usted y yo y él, que vamos a poder crecer con fé”, ahora todos juntos, con un repertorio de miradas y gestos que invitan a la hermandad.

Continuaron una serie de canciones que los abuelos cantaron y tararearon con sus instrumentos, al tiempo que ejecutaban sus coreografías y hacían breves actuaciones que despertaron por igual el amor y la risa. En uno de los cuadros, Enrique, al compás del firulete, interpretó la conquista de un hombre a una mujer (“porque uno a esta edad también puede enamorarse”). Luego hubo tiempo para un chamamé, tocar el mirlitón de cartón que ellos mismos confeccionan, y conocer un poco más de los Papelnonos.

Alineados al frente, Enrique toma la palabra, despliega una bandera y habla de la distinción que les hiciera el Senado tiempo atrás, al nombrarlos “Embajadores por la Paz”;  luego se sucede una polifonía de voces añejas que hablan de las motivaciones y desafíos de esta aventura musical:

-Me dije “yo tengo que salir adelante y estar bien por mi esposo”, y hoy día mi vida es otra -cuenta una abuela.

-“Dos actuaciones por semana, dos días de ensayo, uno para instrumentos, otro para un café… No tenemos tiempo de aburrirnos ni de enfermarnos, mucho menos de morirnos…” -agrega otra.

-Ahora son nuestros hijos los que nos piden: ‘mamá, ¿cuándo tenés un ratito de tiempo?’ -completa una tercera, y el público estalla en carcajadas.

Los comienzos

Papelnonos es una Asociación Civil sin fines de lucro que nace en 1989 en Mar del Plata (Buenos Aires), cuando su creador, Jorge Strada -músico y psicólogo-, comienza a trabajar con un grupo reducido de personas de la tercera edad que interpretaba sus canciones. Más tarde se convertiría en teatro musical, con instrumentos artesanales -hechos a réplica con papel, cartón, pegamento y mucho amor-, vestimenta de colores y movimientos coreográficos. A partir del 2000, la experiencia se replicaría, hasta alcanzar 37 formaciones en Argentina e incluso traspasar las fronteras, llegando a Ecuador, México, Chile, España e Italia. Su programa, básicamente, busca promover el envejecimiento activo y la inclusión social de los adultos mayores por intermedio del arte.

Y no hay requisitos previos

-Yo era un tipo duro, rígido -cuenta Enrique-; jamás se me había ocurrido actuar en público. Sin embargo los vi y dije “esto es un cambio para mi vida”. Y así fue, hace siete años que vivo muy contento. No tengo habilidad manual, pero igualmente hago mis instrumentos. Tengo mal oído, pero igualmente canto. Y hasta aprendí a moverme y a bailar….

Porque lo fundamental, enfatiza, es “aprender a compartir”.

¡Así que Abuelos, ya saben, no hay excusas!: “Por lo menos hasta los cien”, alienta Beatriz (85)

Y más también… ¿Por qué no?”, se pregunta, con una enorme sonrisa.

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Frente a los problemas del mundo, nuestras manos

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Imagen cedida por Médicos Sin Fronteras Argentina

Por Juan Pablo Eijo (Argentina)

Médicos sin Fronteras: 40 años de asistencia humanitaria.

No tenemos motivos para celebrar (porque la realidad indigna). Pero sí, en todo caso, para conmemorar, ya que si bien las crisis humanitarias se han expandido, también es cierto que muchísimos seres humanos han decidido hacer algo para que esto cambie”. Con estas palabras, Luis Paíz Bekker, director de Médicos sin Frontera Buenos Aires, abrió el evento que tuvo lugar el pasado septiembre en sede de la Alianza Francesa, a raíz del 40 aniversario de la organización humanitaria internacional.

Bastan dos ejemplos para graficar la premura de la asistencia: “Han muerto 29 mil niños en los últimos tres meses en Somalia, por desnutrición aguda. Y un día como hoy, mueren 8000 personas en el mundo por enfermedades olvidadas (enfermedades que, al ser padecidas por los pobres, las industrias farmacéuticas no investigan): tales como el Chagas, la Malaria, la Enfermedad del Sueño”, enumera Paíz Bekker. En este contexto, y aún conscientes de la insuficiencia del esfuerzo, MSF lleva adelante la inestimable labor de salvar vidas y aliviar el sufrimiento humano.

La gran familia

MSF es una organización de “acción humanitaria” que trabaja en más de 65 países con personas excluidas de la sociedad, que luchan a diario por sobrevivir al abandono, a las guerras, a las epidemias, a los desastres naturales. En esta excelsa tarea se encuentran involucradas 27 mil personas, que conforman hoy día la gran familia de MSF. “A ellos, y a los más de 5 millones de socios que se solidarizan y nos permiten llegar de manera rápida y efectiva a las poblaciones que más lo necesitan, va dedicado este acto”, propone Paíz Bekker.

Por “acción humanitaria” en MSF entienden esa “mezcla de indignación y solidaridad” que se siente por un ser humano que está padeciendo y “que lo mueve a uno a hacer algo”. Ése, consideran, es el impulso que resume estos cuarenta años de labor. Y en este sentido, la neutralidad declarada es una herramienta indispensable: “Gracias a la neutralidad hemos podido llevar salud a quienes más lo necesitan, independientemente de quienes fueran y de qué bando estuviesen”, explica Bekker.

Héroes anónimos

Tras las palabras del director, integrantes de la organización compartieron sus experiencias, las dificultades e igualmente enormes gratificaciones de sus trabajos.

Poner un médico en terreno requiere una movilización muy grande de recursos y asimismo, una evaluación preliminar del lugar y las condiciones de trabajo. “Cuando recibimos una propuesta, recibimos también un informe con la historia del lugar, de lo que está pasando, y eso ayuda mucho para llegar y cumplir la función de manera más eficaz”, cuenta Diego Machado, traumatólogo, quien llevó a cabo su primera misión durante la intervención de emergencia en Haití, a causa del terremoto que sufriera en enero de 2010, donde en tan sólo 6 meses MSF atendió 173 mil personas, realizó 11 mil intervenciones quirúrgicas y distribuyó 27 mil tiendas y 35 mil kits de bienes de primera necesidad.

Aún así, la situación en Haití se mantuvo delicada y la asistencia, como en muchos otros lugares, ha sido insuficiente.

Vinculado a esto, Vanina Meni Battaglia, médica anestesióloga que realizó su primera misión en la República Democrática del Congo, con un proyecto que tiene como objetivo reducir el índice de mortalidad y que alcanza a 120 mil habitantes, expresó que “uno tiene que conocer sus propios límites, y al mismo tiempo saber que muchas veces se va a frustrar; que hay cosas que uno quiere hacer, pero no puede”.

No somos superhéroes. Uno vive momentos críticos también”, agrega Magdalena Goyheneix,  médica pediatra, quien realizó misiones en Chad y en Níger, donde dirigió el Centro de Recuperación Nutricional Intensivo.

Meses atrás, en el marco de un evento organizado por TEDXRIODELAPLATA para la “reflexión global sobre la erradicación de la pobreza”, Magdalena hablaba sobre el sin sentido que muchas veces embarga ante la necesidad desbordante (recomiendo vean el video) y decía: Creo que nosotros no tenemos la solución para los problemas del mundo en nuestras manos; pero frente a los problemas del mundo, tenemos nuestras manos”.

En un mundo desigual y en muchos aspectos indignante, como el que vivimos, donde mueren 5 millones de niños por desnutrición al año, Magdalena y otras 27 mil personas (y otros miles de Idealistas por el mundo) ofrecen sus manos, aportan su granito de arena para que al menos otros millones no corran la misma suerte, y tengamos un mundo mejor y más amable.

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Pequeños grandes pasos camino a una utopía

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Chicos del barrio Los Eucaliptus junto a voluntarios de UTPMP. Gentileza Nicolás Salvatore

Por Juan Pablo Eijo (Argentina)

Semanas atrás, Alejandro Acosta nos presentaba el concepto de capital social y destacaba la importancia de la organización comunitaria para resolver, de manera organizada y colectivamente, los problemas comunes. Lo mismo cree Un Techo para mi País, organización sin fines de lucro reconocida en toda Latinoamérica por su lucha contra la pobreza y la desigualdad social. A continuación, desde adentro, el trabajo que UTPMP viene realizando desde mediados de 2008 en Los Eucaliptus, barrio marginal de la ciudad de Ensenada, Buenos Aires, Argentina.

Con 22 años de antigüedad, el asentamiento -San José, su nombre original- fue conocido por su violencia hasta principios de 2008, momento en el que una incursión policial cambia la configuración del barrio, rebautizado Los Eucaliptus a partir de entonces, con el fin de generar una nueva identidad comunal en las 150 familias que allí vivían. En este contexto, UTPMP inicia su proceso de intervención social, cubriendo primero la emergencia habitacional del barrio, con la construcción de 30 viviendas a mediados de 2008 y 6 más en noviembre de 2009.

Habilitación Social

Así le llaman a los planes integrales que conforman la segunda etapa del proceso y que se implementan como respuesta a las necesidades e inquietudes planteadas desde cada uno de los barrios. Los mismos giran en torno a la educación, el fomento productivo, la capacitación en oficios, el arte y la recreación, la salud e, incluso, el asesoramiento jurídico.

“Esta etapa es más progresiva y sólo avanzamos si trabajamos entre todos”, sostiene Nicolás Salvatore, voluntario de UTPMP.  “Por eso la idea es seguir sumando cada vez más gente”, agrega Carolina Esteban, también voluntaria.

Ambos coordinan la Mesa de Trabajo conformada por los vecinos (que se reúnen los sábados en el Salón Comunal), donde se consensuaron todas las iniciativas implementadas hasta el momento: Juegoteca (espacio lúdico que busca promover el aprendizaje); talleres de lecto-escritura para niños, de artes para adolescentes, de alfabetización para adultos y de oficios diversos -panadería, costura, electricidad, cloacas- que sirven como salida laboral, o bien para dar solución a los pequeños problemas o paliar las grandes necesidades (no tienen servicios de luz, gas natural ni agua potable).

Un área de la ONG, además, otorga microcréditos a tasas mínimas para pequeños emprendimientos y al mismo tiempo provee asesoramiento en materia de ventas y finanzas. Se arman grupos de tres, que son responsables por igual de la devolución del dinero, y así arrancan: “Yo, por ejemplo, hice suvenires, pero todavía tengo que darle mucho más empuje”, cuenta Gloria, una joven vecina del barrio.

Cada tanto UTPMP organiza jornadas a las que concurren las Mesas de Trabajo de los distintos barrios en los que interviene, para intercambio de experiencias y saberes. “Muchas veces sucede que algún barrio sabe más de una cosa y menos de otra y se ayudan entre ellos”, explica Carolina. Esto, a su vez, se hizo a nivel nacional, en Córdoba, y se realizará próximamente a nivel regional, en Perú.

Los pilares. La utopía.

Un Techo para mi País busca la integración de los diferentes actores sociales -jóvenes, empresas, sector público, medios de comunicación y sociedad en general- para terminar con la pobreza. Y su intervención apunta a generar un cambio significativo en las familias de los asentamientos marginales, facilitándoles herramientas y desarrollando capacidades para que superen su condición de pobreza de manera autónoma.

“No queremos hacer asistencialismo”, remarca Nicolás: “La idea es que se unan, y motivarlos a que empiecen a salir del barrio, a que hagan relaciones con otras entidades, con otras empresas, y busquen soluciones por sus propios medios y méritos”.

Así, con el tiempo y entre todos, podremos acercarnos al “ideal de comunidades sustentables (última etapa del proceso)” y, por qué no, aunque suene utópico, concluye Nicolás, de “un mundo sin pobreza”.

“Nosotros, al menos, lo creemos posible”.

¿Y vos…? ¿Crees posible un mundo sin pobreza? ¿Puede ser éste un camino?

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Puentes de comunicación por intermedio del arte

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Victoria Shocrón rodeada por alumnos de la Fundación Discar

Por Juan Pablo Eijo (Argentina)

¡Se pudo comunicar!, pensó, y advirtió de inmediato que el niño  quería jugar, pero simplemente no la había entendido. Inexpresivo en un principio, el niño ahora se acercaba, atraído por los ritmos que ella y su hijo hacían con baldecitos de playa. Ella, Victoria Shocrón, que había estudiado danzas, actuación y baile, vislumbró entonces una necesidad: levantar puentes de comunicación por intermedio del arte. Cinco años después, y a raíz de este hecho, nacería la Fundación Discar, creada y presidida por Victoria desde 1991, la cual brinda a las personas con discapacidad intelectual, herramientas para el desarrollo de sus potencialidades, favoreciendo su integración social y laboral.

El taller de teatro

Cuatro o cinco se acomodan de extras; el resto aguarda afuera del bar, mientras Victoria, cámara en mano, marca el recorrido. Primero ingresan Laura, Martín y Mariana, y se sientan. Después hace lo propio Roxana, quien se para frente a sus amigos, hace una pausa con cara de decepción y finalmente estalla:

–Meee tomaaaronnnnn

La publicidad, filmada con miras a la conmemoración del vigésimo aniversario, busca transmitir la alegría de trabajar, de ganar un sueldo: “Hoy pago yo, cobré el aguinaldo”, ofrece Martín.

Porque la inserción laboral es una dificultad constante entre las personas con discapacidad intelectual, y, por la misma razón, uno de los fines primordiales de la Fundación. A lo largo de estos años, cientos de personas -jóvenes y adultos- han encontrado trabajo por intermedio de Discar. Tal es el caso de Laura, quien desde hace quince se desempeña en Mc Donalds: “Armo las cajitas, sirvo el café, a veces limpio las mesas”, cuenta, ya todos en el aula de la Fundación, dispuestos en ronda.

Tanto la publicidad para Empleo con Apoyo (ECA) como el resto de las representaciones, son pensadas y definidas por los alumnos. Hacen una ensalada de ideas, y cada uno elige su personaje: “ladrones, asesinos, chantas”, entre otros. Pero, para llegar a este punto, lo fundamental -dirá Denís, docente del curso- “es el vínculo; que ellos se sientan respetados y contenidos para poder expresarse”, y así lograr superar la timidez que muchos coinciden haber tenido:

“Yo siempre hablaba bajito, y ahora estoy hablando más alto”, cuenta Mariana. “A mí me ayudó para empezar a viajar sola”, agrega Laura.

La clase finalizó con un breve ejercicio. Algunos sonrientes, otros más serios, unos pocos bailando… todos (menos este cronista, quien advirtió su propia discapacidad) pudieron con la frase, en voz alta y de corrido:

El perro de San Roque no tiene rabo, porque Ramón Ramírez se lo ha robado…

La Fundación

El Centro de Arte, además de teatro, ofrece talleres y cursos diversos, como música, construcción de instrumentos, cocina, lecto-escritura, herramientas informáticas y hasta fútbol (mañana arranca el torneo). En total -sumando el ECA, área que promueve la inserción laboral y la concientización social-, en Discar trabajan 32 personas y otro tanto de voluntarios que se entregan sin reserva a los casi 160 chicos que concurren hoy día a la Fundación; esforzada tarea que ha recibido numerosas distinciones a lo largo de estos 20 años de labor ininterrumpida, siendo una de las últimas, el Premio Reina Sofía que les fuera otorgado el 18 de marzo del año precedente en la ciudad de Toledo, España.

Pero al margen de las distinciones y el trabajo de l Fundación, sostiene Victoria Shocrón, “cada uno desde su lugar, desde su actividad y su comportamiento hacia los demás, puede difundir con el ejemplo, el verdadero significado de tener un mundo inclusivo”.

¡Por la inclusión, Idealistas, y ésta es la convocatoria!…

LA INCLUSIÓN ES UN COMPROMISO DE TODOS.

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Yo voy a ofrecer mi corazón

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María Inés Reyes. Fundadora. Foto de Juan Pablo Eijo

Por Juan Pablo Eijo (Argentina)

Perdió a una hija de un año por causa evitable, y dijo “yo voy a hacer algo…” Era 1981 y por entonces, en San Miguel de Tucumán (Argentina), una cardiopatía congénita no se detectaba; “a Julieta tuvieron que trasladarla a Buenos Aires, donde finalmente muere”, cuenta María Inés Román Ibazeta, quien a partir de esa aciaga experiencia advirtió una necesidad, la vulnerabilidad de los más pobres y se puso a trabajar: cambió, como ella sintetiza, “dolor por creatividad”. Desde hace 13 años, la Fundación Cardiológica de Tucumán, creada y presidida por María Inés, difunde las problemáticas vinculadas a la cardiología en general y a cardiopatías congénitas en particular, e intermedia para que los sectores carenciados puedan acceder a un diagnóstico oportuno, atención clínica y cirugías de alta complejidad apropiadas.

3…  2… 1…

Un hombre calvo, detrás de cámara, apura el conteo; María Inés prepara una sonrisa y fija la mirada al frente.

De todo corazón es un programa de TV que María Inés conduce desde hace nueve años y se transmite por canal 12 de Tucumán. Éste permitió a la Fundación tener más llegada a la gente; allí se hacen entrevistas a especialistas de la salud, que exponen diversos temas y responden a consultas de los televidentes. En esta oportunidad, la Dra Alejandra Segovia, cardióloga infantil, habla sobre las cardiopatías congénitas: “Son defectos que están presentes desde el nacimiento”, define, y precisa: “En la Argentina nacen 700 mil niños por año, de los cuales 6600 tienen problemas congénitos del corazón y 4000 requieren tratamiento quirúrgico inmediato”. La urgencia y la magnitud es tal, que, según estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación, en 2008 hubieron 784 muertes de niños menores de un año, que habrían sido evitables de haberse detectado la cardiopatía a tiempo (se estima que cerca del 50 por ciento no disponía de seguro médico) y de haberse hecho una intervención quirúrgica de calidad.

La toma de conciencia es una herramienta esencial para mejorar la calidad de vida, y es lo que buscamos a través de nuestras diversas acciones, incluido este programa“, dirá María Inés, ya con las cámaras apagadas, repasando las cifras nuevamente.

Prevención, educación, comunidad…

Son los tres pilares de la Fundación que, además del ciclo de TV, organiza charlas y eventos y difunde de diferentes modos, todo lo relacionado con la prevención de los factores de riesgo que inciden en las enfermedades del corazón -en especial las congénitas, declaradas por la OMS como “prioridad sanitaria del siglo XXI”. La colaboración en trabajos barriales que alumnos, docentes universitarios y agentes sanitarios llevaron a cabo para detectar casos de diabetes e hipertensión, o la elaboración de un programa para enseñar en escuelas a hacer resucitación cardiopulmonar, son algunos ejemplos del trabajo reciente de la Fundación.En estos momentos estamos apoyando un proyecto de ley para que a todas las embarazadas se les haga un ecocardiograma fetal sin costo”, apunta María Inés y explica: “Con esto buscamos que si un bebé nace con cardiopatía congénita, lo haga en un lugar con lo necesario para su atención”.

Algo que no tuvo Julieta en 1981. Algo por lo que María Inés lucha, día a día, desde entonces.

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Lo que te sobra, alguien puede necesitarlo

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Foto de Juan Pablo Eijo

Por Juan Pablo Eijo (Argentina)

Gracias a la Fundación me compré un ropero y me compré una mesa. Sí, ahora tengo ropero y mesa nueva. Y espero poder comprar más cosas, porque vamos a edificar arriba y vamos a hacer la pieza para las hijas”. Al igual que Nora, 3.500 familias ya han comprado materiales para construcción, mobiliario o equipamiento para el hogar a valores sociales, con el programa Sume Materiales promovido por la Fundación Sagrada Familia del Partido de San Isidro (Buenos Aires, Argentina), el cual funciona como nexo entre aquellos que tienen algo y quieren ayudar, y quienes más lo necesitan.

Hay una gran cantidad de recursos disponibles desaprovechados –sobrantes de refacciones  y remanentes de obras, mobiliario y equipamiento doméstico en desuso- que en la mayoría de los casos están aptos para su utilización”, señala Julio Beccar Varela, coordinador del programa. Advertidos de ello, Sagrada Familia dispuso de un galpón donde los acopia, los clasifica y codifica (esto último permite que los donantes puedan seguir el destino de sus contribuciones), reparándolos y acondicionándolos en los talleres de herrería y carpintería, de acuerdo a las necesidades de las familias requirentes. Para mucha gente es la única forma de acceder a cosas que en el mercado les son inaccesibles, reflexiona Beccar Varela.

Una vez refaccionados (si fuere necesario), a los productos se les asigna un precio en función del estado en que se encuentren y de su valor de mercado, que luego cada familia puede adquirir a un valor diferencial conforme a sus posibilidades adquisitivas, alcanzando descuentos de hasta el sesenta por ciento del valor fijado inicialmente (en casos excepcionales, incluso, se llega a subsidiar la totalidad del valor). Esto se define a partir del trabajo conjunto de la Fundación, que dispone de trabajadores sociales, y de organizaciones de la zona, que en muchos casos referencian a las familias necesitadas, todo lo cual busca garantizar la justa asignación de los recursos.

Creatividad en clave social

Durante el 2010, los talleres de Sume Materiales han crecido en producción y en optimización. Evaluando las necesidades del sector, y haciendo uso de materiales donados por empresas, se diseñaron y elaboraron diversos productos estandarizados, tales como estanterías y bajo mesadas de aglomerado, mesas y banquetas metálicas, escaleras rectas y circulares de hierro, entre otros. “Las escaleras, por ejemplo, son muy demandadas debido a que muchas familias, limitadas por el espacio que disponen, sólo pueden ampliar su vivienda con un segundo piso”, apunta Beccar Varela y agrega: “buscamos que las cosas sean funcionales y brinden una solución a los problemas habitacionales que puedan tener las familias”.

Sagrada Familia fue creada en 1979 y desde entonces, se ha dedicado a elaborar programas que buscan facilitar el acceso a una vivienda propia a familias de escasos recursos. Sume Materiales, por su parte, nace en 2004, a raíz de que en la Fundación recibieran numerosos llamados de gente con ánimo de colaborar y materiales disponibles, que no encontraban  el modo de canalizar sus intenciones. Fue entonces que comenzaron a recoger materiales y mobiliario a domicilio, a rediseñarlos o reacondicionarlos para, finalmente, ponerlos al alcance de los sectores más desfavorecidos. De esta forma se sienten tan dignos como el resto de la gente. Y esto es lo que más nos gratifica, concluye Beccar Varela.

La Fundación Sagrada Familia está buscando voluntarios. Para más información ingresa aquí.

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